martes, 4 de noviembre de 2008

Gia en mi vida

Es relamente impresionante y mágico lo cálido que se siente el corazón cuando decides amar, simplemente eso...AMAR.

No es pretensioso decir que se ama a una mascota, al contrario, me parece una buena forma de analizar la sensibilidad al amar.
Es la primera vez que me dejo enamorar por una mascota; siempre vi en ellos lo sucio, molestoso y costoso de mantenerlos, además que mis procesos asmáticos no me lo permitieron.
...sin embargo, la llegada de "Gia" marca el inicio de una etapa en mi vida.
Llegó sola a la casa hace apenas unos días, resistió a los maltratos de mi tía que no la quería permanentemente, se adaptó a nuestra forma de vivir y conquistó extrañamente mi corazón. Pienso que no llegó por pura casualidad, alguna lección he de aprender de esto...vaya que sí. La primera, es que para amarla he de cuidarla como se debe, es decir, como lo que es ahora...un miembro más de la familia.
He aprendido a amar su ternura, su pequeñez, sus travesuras, sus caprichos...claro que tambien odio tener que limpiar cuando ensucia, pero es parte de su naturaleza.
Hoy la lleve a su primer control veterinario, fue su primera salida de la casa y todo para ella fue nuevo, la calle, el ruido de los autos, la gente...todo. Sentía su pequeño corazón latiendo con fuerza y sus garritas aferrándose a mi cuerpo rogando protección.
Es como una personita chiquita, tiene un carácter propio y una peculiar manera de hacerse entender.
En 20 días le toca ya su primera vacuna y limpieza de garras...entonces habrá crecido y habrá aprendido a amarme también -espero que así sea-.